La Revolución de la Inteligencia Artificial y su Impacto en la Demanda de Minerales para la Transición Energética


En la actualidad, la inteligencia artificial (IA) está transformando la manera en que operan diversas industrias, desde la automatización hasta la optimización de procesos complejos. Esta revolución digital, sin embargo, no solo depende de algoritmos avanzados y grandes cantidades de datos; también está impulsada por un conjunto de minerales críticos que son esenciales para el funcionamiento de los sistemas tecnológicos que sustentan la IA. Entre estos minerales, el cobre, el litio, el níquel y los elementos de tierras raras se están posicionando como los pilares fundamentales para la infraestructura de la IA y la transición energética global. En este contexto, el mercado de commodities está experimentando un superciclo impulsado por la convergencia entre el avance tecnológico y la creciente demanda de estos metales esenciales.

La Demanda de Minerales Impulsada por la IA

La inteligencia artificial, especialmente en sus aplicaciones más avanzadas como la IA generativa, promete transformar la economía global. Se espera que la IA pueda aumentar las ganancias corporativas globales entre 2,6 y 4,4 billones de dólares anuales, según estimaciones de McKinsey (2023). A medida que las empresas implementan soluciones basadas en IA, la necesidad de infraestructura digital se disparará, lo que, a su vez, generará una demanda sin precedentes de ciertos minerales esenciales para la creación de esta infraestructura.

La Agencia Internacional de la Energía (AIE) proyecta que el consumo de electricidad por parte de los centros de datos, la IA y los sectores de criptomonedas podría duplicarse para 2026, alcanzando un volumen similar al de todo el consumo eléctrico de Japón (IEA, 2024). Estos sistemas digitales requieren metales específicos para su funcionamiento, desde los chips semiconductores en las redes de servidores hasta los componentes de baterías que respaldan la infraestructura energética de estos centros.

El Papel del Cobre en la Revolución de la IA

El cobre, conocido por su excepcional conductividad eléctrica, se encuentra en el epicentro de la creciente demanda de minerales impulsada por la IA. Este metal, que solo es superado en conductividad por la plata, es esencial para el desarrollo de centros de datos y la infraestructura energética que los respalda. Se utiliza en la fabricación de semiconductores, componentes de interconexión en circuitos integrados, cables de energía, barras colectoras, conectores eléctricos y sistemas de refrigeración.

Se espera que la demanda de cobre en los centros de datos crezca seis veces para 2050, alcanzando cerca de 3 millones de toneladas anuales, en comparación con las aproximadamente 500,000 toneladas actuales (BHP, 2025). Esto representa un cambio significativo, ya que se espera que los centros de datos representen entre el 6% y el 7% de la demanda mundial de cobre para mediados de siglo, en comparación con menos del 1% en la actualidad.

Minerales Críticos para las Baterías que Alimentan los Sistemas de IA

El litio y el níquel, dos minerales clave en la fabricación de baterías, son fundamentales para la transición energética y la expansión de la infraestructura de la IA. La necesidad de almacenamiento de energía confiable y eficiente es cada vez más crítica, especialmente con el aumento de la adopción de energías renovables como la solar y la eólica, que requieren soluciones de almacenamiento de energía para gestionar su intermitencia.

El litio, que se utiliza predominantemente en baterías de iones de litio, es esencial para almacenar energía de manera eficiente. Las baterías de litio ofrecen una mayor densidad energética y una vida útil más larga en comparación con las baterías tradicionales de plomo-ácido. Por otro lado, el níquel, especialmente en soluciones de baterías de níquel-zinc, ofrece eficiencia en el uso del espacio y resistencia a temperaturas elevadas, lo que lo convierte en un material crucial para el funcionamiento de centros de datos y otros sistemas de IA.

Australia, que es el mayor productor mundial de níquel y el segundo mayor poseedor de reservas de litio, está bien posicionada para satisfacer esta creciente demanda. El país ya se beneficia de su infraestructura minera avanzada y de su estrategia para consolidarse como un líder global en la producción de estos minerales críticos.

Elementos de Tierras Raras: La Infraestructura Invisible de la IA

Los elementos de tierras raras, aunque menos conocidos, son esenciales para la producción de componentes clave en la infraestructura de la IA. Estos elementos, como el neodimio y el terbio, se utilizan en imanes potentes, cables ópticos, y en la fabricación de discos duros y otros dispositivos de almacenamiento. Los elementos de tierras raras también son fundamentales para los sistemas de refrigeración y los sistemas de energía de respaldo que mantienen la operación de los centros de datos durante fallos de energía.

China, que controla el 60% de la producción mundial de tierras raras y alrededor del 85% de la capacidad de procesamiento, ha generado preocupaciones sobre la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales. Ante la creciente tensión geopolítica entre China y las naciones occidentales, Estados Unidos y Australia están invirtiendo en proyectos mineros alternativos para diversificar las fuentes de suministro.

Australia se está posicionando como un actor clave en la cadena de suministro de tierras raras, con proyectos como la instalación de procesamiento de tierras raras de Nolans en el Territorio del Norte, que se espera cubra el 4% de la demanda global de tierras raras para 2032 (Lynas Rare Earths, 2025).

Desafíos Estratégicos para Australia

La convergencia de la expansión de la IA y la transición energética presenta tanto oportunidades como desafíos para el sector de recursos de Australia. Uno de los principales retos es la fragilidad de las cadenas de suministro, debido a los largos tiempos de espera para la producción de nuevos minerales. Las minas de cobre, por ejemplo, tardan un promedio de 24 años desde el descubrimiento hasta la producción (BHP, 2025), lo que dificulta la capacidad de responder rápidamente a la creciente demanda.

Además, la dependencia de China para el procesamiento de tierras raras representa un riesgo estratégico importante. Para mitigar estos riesgos, Australia está impulsando iniciativas como las tecnologías de minería de precisión, que podrían reducir significativamente los tiempos de descubrimiento a producción, así como programas gubernamentales como la Estrategia de Minerales Críticos 2030.


  • McKinsey Global Institute, 2023. El impacto económico de la inteligencia artificial.

  • Agencia Internacional de la Energía, 2024. Electricidad 2024: Resumen ejecutivo.

  • BHP, 2025. La demanda de cobre impulsada por la IA.

  • Lynas Rare Earths, 2025. El futuro de las tierras raras en Australia.

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